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EL MERCADO GÓMEZ PALACIO

EL MERCADO GÓMEZ PALACIO

By Danielo Hernández

Dicen que una imagen vale
más que mil palabras. Y si
esta frase es cierta, el Mercado
Gómez Palacio es el
fiel guardián de millones de
historias que se escriben con
cada imagen, olor, textura,
color y sabor que solo ahí se
pueden percibir.

Y es que, la visita a Durango nunca estará
completa, si no se hace una parada en
este pintoresco lugar abierto al público
en 1882 en el que encontraremos toda
clase de objetos, alimentos, dulces,
recuerdos y curiosidades que habrán de
satisfacer al más osado de los turistas
y que dejará a quien lo conozca, gratas
memorias de nuestra ciudad y nuestra
cultura.

El antiguo edificio del mercado se comenzó
a construir en el corazón de la
ciudad de Durango en 1880 como parte
de un proyecto urbano que incluía además
la edificación de un hospital, un teatro,
el palacio municipal y la penitenciaria.
De esta ambiciosa iniciativa emprendida
por el entonces gobernador Francisco
Gómez Palacio, solo se concretarían el
mercado, la penitenciaria y el edificio de
la presidencia municipal. Estos últimos,
desafortunadamente serian demolidos en
aras de la modernidad del siglo XX y del
mercado solo se conservan algunas partes
de la construcción original.

Visitar el Mercado Gómez Palacio es
en toda la extensión de la palabra una
grata experiencia a los sentidos. Ya sea
como visitante esporádico o como turista
experto, el primer reto es no extraviarse
en los laberínticos pasillos de acceso que
lo mismo ofertan dulces típicos, licores y
mezcales, que te ofrecen la oportunidad
de ponerte la piel de gallina si eres lo suficientemente
valiente para que un alacrán
vivo camine sobre tu mano.

Superado lo anterior, en el epicentro del
edificio un mar de olores y sabores tomarán
por sorpresa tus papilas gustativas.
Tus ojos probablemente te detendrán ante
los negocios de flores. Atraído por
el olor del cuero de sus tradicionales
talleres talabarteros, querrás
probarte un cinturón o estarás tentado
a comprar algún accesorio. A
donde quiera que voltees la mirada
habrá algo que llame tu atención.
Sin embargo, no podrás dejar el
mercado, ni Durango, sin antes
sentarte a disfrutar lo mejor de su
comida tradicional de cualquiera de
sus fondas en las que se hace gala
del manejo de los chiles verdes, secos
y curtidos que lo mismo acompañan
carne finamente picada de
su famoso caldillo durangueño, que
adornan magistralmente un rebosante
taco.

Visitar el mercado además de una
experiencia turística, permite a
cientos de familias continuar la
tradición de mantener al lugar vivo.
Así que, cuando haya oportunidad,
dense una vuelta al corazón de la
ciudad y disfruten lo que tiene para
ofrecernos.


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